El Konabot y la fuga de microchips.
El Konabot es un robot antiexplosivos desarrolado por un grupo de investigación en robótica del departamento de computación de la Universidad de Buenos Aires, la cual es una universidad pública (la mantiene todo el pueblo con sus impuestos) y con bastante prestigio a lo largo de la historia.
La cosa es que parece que Konabot les salió bastante bueno, tanto que muchos dicen que en un mano a mano el Asimo no le dura ni un round, es por eso que enseguida se abrió la veta comercial del proyecto.

Gonzalo, un estudiante de la UBA que siempre siguió de cerca el proyecto comenta:
En mi facultad, por ser un lugar de investigación científica sustentado por fondos públicos siempre está presente el tema de la transferencia: como lograr que la sociedad se beneficie de los avances logrados por la investigación realizada. Por esta razón existe el programa Incubacén, que tiene por objetivo facilitar la creación de empresas a partir de los desarrollos tecnológicos que hay en la facultad. Este programa siempre utilizó al robot como un ejemplo
En los últimos días se corrió la voz de que se había hecho efectiva la cesión de los derechos del robot a la empresa Robots del Sur SA. Más allá de que ceder la investigación pública a un privado siempre se siente extraño, son llamativos los términos de la cesión. La empresa fue creada para este proyecto por el empresario Tobías Schmukler, antiguo creador de ITS que tras la venta de esa compañía fundó Innova Tekné, una empresa destinada a financiar este tipo de proyectos.
El contrato estipula que la facultad cede de forma _exclusiva_ todos los derechos de la tecnología y el nombre del robot por el plazo de 2 años, y en caso de concretarse la venta de un robot en ese plazo, los derechos quedan cedidos de forma definitiva a la empresa. Se sabe que hay una licitación de los bomberos que es inminente, por lo tanto la cláusula es decorativa, ya que se sabe que va a vender al menos un robot. Durante los 2 años, la facultad percibe el 1% de los ingresos brutos por ventas de la empresa y el 5% de las inversiones que reciba en forma de subsidios o similar.
Lo loco es que al parecer los integrantes del grupo de robótica (a excepción de Santos, que tiene acciones en Robots del Sur) no estaban enterados de que la cesión se había efectivizado, y menos con esos términos. La facultad no tiene la facultad (valga la redundancia) de ceder de esa manera los derechos intelectuales sobre el desarrollo ya hay convenios que se lo impiden. Con la salida de Santos, el laboratorio de robótica queda efectivamente decapitado.
Acá pueden leer un volante que circuló en la facultad estos días.
No sé a ustedes, pero a mí me parece que esto del Konabot ya lo he visto antes…
Cientos de veces.



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