Adiós, padre de los flippers
La otra vez escuchaba hablar a unos pibes, que tendrían aproximadamente unos 20 años, sobre videojuegos. En la corta charla que pude oír “de rebote” se reían de los “jueguitos pedorros a cassete” que existían antes de la Playstation 2 y de “cómo los flacos podían ir a esas salas de arcade” y pagar por jugar a cosas como el Pac Man.
Si, debería haberlos aniquilado con una cuerda de guitarra a lo Hitman, pero permanecí en silencio y simplemente utilicé el clásico cliché “perdónalos padre, no saben lo que dicen”.
Pero si dejamos los sentimientos de lado, estos muchachos no están tan equivocados, no porque los videojuegos de los 80 y 90 hayan sido “pedorros”, sino porque técnicamente no pueden compararse con los actuales, aunque estos pibes nunca vayan a vivir lo que fue la mejor época de la historia de los mismos, cómo fue la guerra de Genesis con Super Nintendo.
De todas maneras sigo pareciendo el típico jovato que dice que el fútbol de antes era mejor que el actual, aunque todavía me queda un as en la manga: pibes, yo me gasté la mitad de mi adolescencia jugando a los flippers (también llamado pinballs) y ahora solo lo ven por TV. Lamentablemente algunas cosas geniales de la humanidad se terminan, pasó con el Concorde y también pasó con los flippers.
(Gracias por todo, Steve)
WWF (el de lucha libre), Terminator 2 y Family Addams fueron mis favoritos y por lo general luego de jugarme un par de fichas a los Arcades terminaba disfrutando de unas buenas bolitas en éstos pinballs. Es extraño explicar las sensaciones que genera jugar a un pinball (si tienen uno cerca, háganlo) pero – a diferencia de lo que parece a priori – no era ninguna boludez y llegar a conseguir altos puntajes requería de una importante habilidad con 2 botones, ¡ni hablar de lo importante que era mover el mueble sin llegar a tildar la máquina y zafar los Warnings!
Lamentablemente, y al ser dispositivos electromecánicos, los flippers fueron lentamente sacados de circulación de los locales de videojuegos debido a su alto costo de mantenimiento. El costo era tan alto para algunos aparatos que a veces ni siquiera “se pagaban” con las fichas que gastaban en ellos (fue lo que me comentó un encargado de uno de los locales de la ciudad donde vivo). Mi último contacto con una de estas máquinas mágicas fue en la casa de un amigo, el cual tiene un par de éstos y podría considerarse afortunado, aunque también putea como loco cuando se les descomponen porque casi no existen técnicos que reparen y los arreglos son bastante costosos.
Hace unos días, Steve Kordek, ese señor que ves en la imagen y que fue la persona que supo reinventar este genial sistema lúdico luego de la segunda guerra pasó a mejor vida a la edad de 100 años, y este es una especie de homenaje. Steve fue el creador de más de 100 máquinas y trabajó con Genco, Williams y Bally, marcas que seguramente conozcan los fanáticos de los flippers. Entre tantas innovaciones que implementó quizás la más importante fue la de poner las dos aletas controladas por sendos botones que empujan las pelotitas hacia arriba.
A veces suelo cerrar los ojos y escucho esos sonidos bastante metálicos de los flippers, causándome mucha nostalgia. Gracias por todo Steve, tu genialidad lee dio muchísimas horas de diversión a millones de jugones, que descanses en paz.
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Igual, en el local de mi pueblo estaba el Twilight Zone y gastaba en él mas o menos la misma cantidad de dinero que para el KOF que por aquel año estaba recien salido el del año 98.
Aparte de ese, me gustaba muchisimo uno que se era de un taxi y tenias que meter la bolita enciertos lugares o llegar a determinados puntos para “recoger” al pasaje los cuales se trataban de personajes tan comunes como una tipa llamada simplemente Lola, hasta Drácula, o un robot llamado Pinbot.
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